El valor de los Indios

 

Jorge Gimenez [1]

 

 

Una situación que parece haber sido superada, por lo menos debería serlo, continua tan latente en regiones poco conocidos de nuestro continente. Me refiero a los indígenas maltratados, explorados, condenados a vivir a la orilla de las rutas nacionales y de los rios que cercan los centros urbanos, dedicándose a la venta de objetos artesanales y a ingerir bebidas alcohólicas.

Un estudio hecho por diferentes organizaciones sociales del Paraguay, principalmente por Tierraviva, revela la situación desastrosa y de miserabilidad en que viven umnúmeras comunidades indígenas en la región Occidental del país, en su mayoría explorados en la grandes estancias de los llamados Menonitas, migrantes provenientes de Canadá y Rusia, quienes se instalaron en el Chaco paraguayo durante la Segunda Guerra Mundial al recibir del gobierno la garantia para la prática de sus religiones y costumbres.

Estos hombres después de siglos de convivencia com los pueblos indígenas comenzaron a adquirir inmensas extenciones de tierras y en poco tiempo se dieron el lujo de expulsar a los verdaderos dueños de los bosques, a los que ancestralmente ocuparon esa región poco poblada del Paraguay. Los hombres blancos, como lo llaman los indígenas a estos desconocidos, a parte de apoderarse de sus tierras, en evidente complicidad con los sucesivos gobiernos del país, también aprovecharon para explorarlos en las estancias, aprovechando de esa forma la agilidad de los indígenas de transitar en lugares desconocidos y a caballo.

El estudio revela todavía uma situación más complicada y vergonzosa: no hay ningún tipo de respeto a las garantías laborales de estos indígenas por parte de los grandes empresarios y para peorar solo reciben vales para retirar mercaderías de los mercados cuyos dueños son los propios patrones, prática totalmente condenada por la constitución paraguaya. A esto se suma la existencia de legisladores, tanto diputados como senadores de la nación, que al ser elejidos a sus respectivos cargos se convirtieron del día  a la noche en grandes propietarios de tierras en la región occidental y son grandes ganderos, teniendo como principal mano de obra en sus estancias a los indígenas ancestrales de la región.

Como si esta situación fuera poco se suma la iniciativa de los Evangélicos que trabajan em el Chaco paraguayo para “salvar e amenizar las almas indígenas”, proibiéndoles prácticas religiosas que no están dentro de los conceptos modernos de las religiones llamadas civilizadas. De esa forma nuestros antepasados, que forman la característica de la pluralidad paraguaya, son sometidos a todo tipo de maltratos étnicos, físicos e culturales, como ocurre em diferentes regiones de nuestra querida América.

Nosotros que tenemos contacto com los libros y estudiamos la historia como si fuera algo del pasado doloroso de nuestra américa, pensamos que situaciones como esta hacen parte de una etapa sombría de los pueblos que estuvieron sobre el yugo de los europeos. Sin embargo, en pleno siglo XXI, apesar de la conciencia que tenemos en relación a la importancia de los pueblos aborígenes em todos los países, nos sorprendemos cuando descubrimos que todavía no hemos tenido suficiente entendimiento sobre lo que significa el respeto a la pluralidad y en especial a los que son verdaderos señores y patrones de estas tierras.

 


[1] Acadêmico de Filosofia do IFIBE.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
   

 


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